En 2004, Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal firmaron un manifiesto que se ha convertido probablemente en la frase más citada de la arquitectura social europea contemporánea: “Nunca demoler, eliminar o sustituir; siempre añadir, transformar y reutilizar”. Lo escribieron como respuesta a una práctica administrativa francesa que llevaba años priorizando la demolición de bloques de vivienda social construidos en los sesenta y setenta para sustituirlos por nueva edificación. Para Lacaton y Vassal, esa práctica era doblemente equivocada: ineficiente desde el punto de vista material y violenta desde el punto de vista social.
Diecisiete años después, en marzo de 2021, el jurado del Pritzker les otorgó el premio. La cita oficial reconocía explícitamente la dimensión social y sostenible del trabajo del estudio. Y, en línea con el premio del año siguiente —Riken Yamamoto en 2024, que cubrimos en otra ocasión—, situó a la arquitectura comprometida con vivienda colectiva en el centro del reconocimiento profesional internacional.
La trayectoria Lacaton & Vassal merece análisis con la perspectiva que da el premio. Tres décadas de obra coherente, un método aplicable que rompe con prácticas administrativas dominantes, y una serie de proyectos verificables que muestran cómo el manifiesto se traduce en arquitectura concreta.
El manifiesto y su contexto
Para entender por qué la frase de 2004 fue tan provocadora, conviene situar el contexto francés. Durante los años noventa y comienzos del siglo XXI, la política urbana francesa había adoptado la demolición de grandes conjuntos residenciales periféricos —los llamados grands ensembles— como estrategia preferida de renovación urbana. La idea era que esos edificios, construidos rápido en los sesenta y setenta para acoger migraciones masivas y crecimiento demográfico, eran obsoletos socialmente: su demolición permitiría reconstruir tejido urbano más diverso y cualitativo.
La política tuvo varias críticas operativas que el sector profesional acumuló durante años:
Coste material. Demoler un bloque de vivienda con 100 unidades supone retirar del ciclo de uso miles de toneladas de hormigón, acero, vidrio, materiales aislantes, instalaciones. La energía gris incorporada en esos materiales se desperdicia. Cualquier construcción nueva, por muy eficiente que sea energéticamente en uso, parte con déficit ambiental significativo.
Coste social. Los residentes de bloques demolidos suelen ser realojados en otras ubicaciones durante años, lo que rompe redes vecinales construidas durante décadas. Las “comunidades difíciles” que la política aspiraba a redistribuir territorialmente no se redistribuyen sin coste; se atomizan, lo que produce desarraigo y agrava problemas que se pretendían resolver.
Coste patrimonial. Algunos bloques de los sesenta y setenta tienen valor arquitectónico latente —obras de arquitectos serios, soluciones constructivas innovadoras para su época, calidad espacial generosa— que solo se reconoce cuando ya se ha decidido la demolición.
El manifiesto Lacaton & Vassal articulaba estas críticas con una alternativa operativa concreta: en lugar de demoler, transformar. En lugar de sustituir, añadir. En lugar de reemplazar, reutilizar. La operación es más barata, más rápida y más respetuosa con los habitantes.
Grand Parc Bordeaux: el caso de manual
La pieza que probablemente mejor ilustra el método es la transformación de Grand Parc Bordeaux, un conjunto de tres bloques de vivienda social construido en los años sesenta con un total de 530 viviendas. Lacaton & Vassal, en colaboración con Frédéric Druot Architecture, intervinieron en 2014-2017.
La operación consistió en añadir jardines de invierno y balcones de cuatro metros de profundidad a las fachadas existentes, manteniendo la estructura original intacta. Las viviendas pasaron de tener fachadas planas con ventanas pequeñas a disponer de espacios exteriores generosos integrados con la vivienda interior. La luminosidad aumentó significativamente, la sensación espacial se transformó, y los residentes adquirieron acceso a espacio exterior privado del que no disponían.
Los datos operativos del proyecto son particularmente relevantes. Los residentes no fueron desplazados durante la obra: la transformación se realizó vivienda por vivienda con los habitantes presentes, lo que implicó coordinación logística sustancial pero evitó el coste social del realojo. El alquiler no aumentó tras la transformación, lo que mantuvo accesibilidad social del programa. La operación fue significativamente más barata que la demolición + reconstrucción equivalente: aproximadamente 65.000 euros por vivienda frente a los 200.000+ euros que habría supuesto reconstruir.
El proyecto recibió el Premio Mies van der Rohe en 2019, uno de los reconocimientos más importantes de arquitectura europea. Es probablemente el caso más comentado en la conversación profesional sobre transformación de vivienda social, y la referencia que han usado políticas urbanas posteriores en otros países europeos para argumentar contra demoliciones rutinarias.
Otros proyectos del estudio
El catálogo Lacaton & Vassal incluye otros proyectos que extienden el método.
Tour Bois-le-Prêtre (París, 2011) es la transformación de una torre residencial social construida en los años sesenta. La intervención añadió fachadas exteriores de vidrio y aluminio que crearon balcones e invernaderos integrados con las viviendas existentes. La superficie útil de cada vivienda aumentó significativamente sin tocar la estructura original.
Maison Latapie (Floirac, 1993) es vivienda unifamiliar temprana del estudio. La pieza está construida con materiales industriales económicos (estructura metálica simple, cerramientos de policarbonato, sistemas de ventilación pasivos) que reducen el coste a una fracción del de viviendas convencionales. La idea es que la calidad arquitectónica no requiere materiales caros: requiere decisiones espaciales correctas.
École Nationale Supérieure d’Architecture de Nantes (2009) lleva el método al ámbito educativo. El edificio dispone de superficie significativamente mayor de la prevista por programa porque la estructura permite ampliaciones graduales. La operación responde a una crítica conocida: los edificios académicos tienden a quedarse pequeños conforme el programa crece, y la solución habitual es añadir edificios anexos con costes altos. Lacaton & Vassal proponen sobredimensionar desde el principio para permitir crecimiento orgánico.
Estos tres proyectos, junto con Grand Parc Bordeaux, configuran el cuerpo de obra que sostiene el reconocimiento Pritzker. Cada uno aplica el manifiesto en escala y programa distinto, demostrando que el método no es solo aplicable a vivienda social.
Lo que enseña al oficio
Tres lecciones operativas extraíbles del trabajo del estudio para arquitectos en activo y para tomadores de decisión sobre política urbana.
La transformación es decisión arquitectónica, no solución de bajo presupuesto. Una crítica frecuente al método Lacaton & Vassal es que es “lo que se hace cuando no hay dinero para construir bien”. El argumento es erróneo. Los proyectos del estudio tienen calidad arquitectónica equivalente a la de cualquier proyecto contemporáneo de gama media-alta. La diferencia es que parten de una preexistencia que se decide respetar en lugar de demoler. Es decisión de método, no de presupuesto.
El edificio existente es activo, no obstáculo. El sector arquitectónico tradicional ha tendido a tratar la preexistencia como problema a superar (demoler) o complicación a gestionar (rehabilitación menor). Lacaton & Vassal proponen tratarla como punto de partida con valor positivo. La estructura existente proporciona dimensiones, geometría y materialidad que la intervención puede aprovechar. Es cambio de actitud profesional que tiene consecuencias operativas concretas en cada proyecto.
La participación del residente durante la obra es viable. La industria de la rehabilitación residencial daba por supuesto durante décadas que las grandes intervenciones requerían realojo de habitantes. Grand Parc Bordeaux demostró que con coordinación logística adecuada, las transformaciones pueden hacerse con habitantes presentes. La consecuencia social es enorme: las redes vecinales se mantienen, los costes de realojo se eliminan, los plazos se reducen.
La pregunta política implícita
El método Lacaton & Vassal tiene también una dimensión política que conviene articular sin moralismo, porque es central al debate sobre vivienda social europea actual.
La política urbana tradicional ha tendido a tratar los grandes conjuntos residenciales construidos en los sesenta-setenta como errores históricos a corregir. La narrativa dominante decía: la concentración de vivienda social en periferias produce guetos, los guetos producen problemas sociales, la solución es disolver los guetos mediante demolición + dispersión.
Lacaton & Vassal proponen otra lectura: los grandes conjuntos no son problema en sí mismos, son oportunidad arquitectónica mal aprovechada. Con transformaciones adecuadas, los bloques pueden ofrecer calidad de vida superior a la que la vivienda nueva ofrece a coste equivalente. Los problemas sociales requieren intervenciones sociales, no demoliciones de edificios.
Esta lectura tiene implicaciones políticas directas. Cuestiona el discurso de “regeneración urbana” que justifica desplazamiento de poblaciones vulnerables. Plantea que la intervención arquitectónica puede ser defensa de las comunidades existentes en lugar de mecanismo para diluirlas. Es posición que algunas administraciones europeas han incorporado parcialmente y otras siguen rechazando por motivos políticos diversos.
El Pritzker 2021 al estudio puede leerse, entre otras cosas, como respaldo institucional internacional a esta lectura. No es premio ideológicamente neutro: tiene posición sobre el debate y la hace explícita.
Implicaciones para arquitectos en formación
Para arquitectos jóvenes que estudian el catálogo del estudio, varias lecturas operativas merecen atención.
La primera es que el activismo arquitectónico requiere obra construida. Lacaton & Vassal podrían haber dedicado las últimas tres décadas a publicar manifiestos, escribir libros, dar conferencias. Han producido todo eso, pero también —y sobre todo— han construido. Sin Grand Parc Bordeaux, Tour Bois-le-Prêtre, Maison Latapie y la escuela de Nantes, el manifiesto sería letra muerta. La construcción concreta es la que valida la posición teórica.
La segunda es que el oficio puede combinarse con compromiso social sin renunciar a calidad técnica. Algunas tradiciones del activismo arquitectónico han producido obra técnicamente débil bajo el argumento de la urgencia. Lacaton & Vassal demuestran que la disciplina técnica y el compromiso social son complementarios, no excluyentes. Sus edificios funcionan operativamente, envejecen bien, sostienen calidad espacial.
La tercera es que trabajar a contracorriente requiere paciencia institucional. El estudio ha pasado años defendiendo su método contra inercias administrativas. Los primeros proyectos costaron tiempo de convencimiento; los siguientes ya tenían referencia. Para arquitectos que aspiran a posiciones similares, la lección es que el cambio de paradigma sectorial no se produce con un proyecto sino con una trayectoria sostenida.
El ciclo Pritzker contemporáneo: tres registros de arquitectura como mediación social
Conviene articular la posición Lacaton & Vassal en el contexto de los Pritzker recientes. Tres premios consecutivos —RCR Arquitectes (2017), Lacaton & Vassal (2021), Riken Yamamoto (2024)— configuran un ciclo sectorial específico en el que el reconocimiento ha recaído en estudios cuya obra trabaja la dimensión social y colectiva, no la pieza icónica individual.
Pero los tres operan registros distintos del mismo principio.
RCR (que cubrimos en otra ocasión) trabaja la integración paisajística: la arquitectura surge del contexto físico volcánico de la Garrotxa catalana, los materiales (acero corten, hormigón, agua) dialogan con el entorno hasta el punto de que el edificio aparece y desaparece según el ángulo de aproximación. La mediación social ocurre porque el lugar se respeta y los habitantes se reconocen en la pieza construida.
Yamamoto trabaja la geometría intermedia: los decks comunitarios, las plantas bajas transparentes, los patios accesibles solo desde el interior. La mediación social ocurre porque el diseño construye espacios donde la comunidad sucede sin forzarla.
Lacaton & Vassal trabajan la adición y transformación: en lugar de demoler para imponer concepto nuevo, añaden a lo existente. La mediación social ocurre porque las comunidades preexistentes se respetan, los habitantes no se desplazan, la red vecinal se mantiene durante la intervención.
Los tres registros no se contradicen; se complementan. Un proyecto de vivienda social ideal podría incorporar elementos de los tres: integración paisajística (RCR), geometría que favorece encuentro comunitario (Yamamoto), respeto a preexistencia construida y a habitantes (Lacaton & Vassal). La pregunta operativa para arquitectos contemporáneos no es elegir entre los tres sino aprender a combinar.
Una observación final
El Pritzker 2021 a Lacaton & Vassal y el Pritzker 2024 a Riken Yamamoto configuran una secuencia significativa. El sector profesional internacional está reconociendo, dos premios consecutivos en categoría arquitectónica, a estudios que han trabajado consistentemente la dimensión social de la arquitectura colectiva. No es accidente; es señal cultural.
Lo que el sector nos está diciendo —vía premios, vía cobertura editorial, vía debates en escuelas— es que la arquitectura espectacular ya no es la única ambición legítima. La arquitectura que se ocupa de cómo viven comunidades reales, de cómo se gestiona patrimonio construido existente, de cómo se respetan trayectorias vitales de habitantes durante intervenciones urbanas, está reclamando reconocimiento equivalente.
Para profesionales en activo, esa señal cultural es información operativa. Los próximos diez años probablemente verán más concursos públicos sobre transformación que sobre obra nueva, más presupuestos asignados a rehabilitación que a demolición, más debates políticos sobre desplazamiento de poblaciones durante operaciones urbanas. Quien entienda el cambio temprano tendrá mejor posición para aportar valor en ese contexto.
Lacaton y Vassal lo entendieron en 1987 cuando fundaron el estudio. Lo articularon en 2004 con el manifiesto. Lo han demostrado durante tres décadas con obra construida. El reconocimiento del Pritzker ha llegado tarde a la altura de la trayectoria; pero ha llegado, y ha ayudado a poner el método en el centro de la conversación. Para los que vienen detrás, eso es regalo profesional considerable.
Fuentes consultadas: